27.6.09

Falacias y confusiones (1 – Segunda parte)

(A "Falacias y confusiones 2" / A “Falacias y confusiones 1 – Primera parte")

Recordemos que Fabián quería demostrar esta afirmación: si a, b, c, d son los vértices de un cuadrilátero cualquiera entonces hay un cuadrado cuyos lados, o sus prolongaciones, pasan por esos cuatros puntos (un lado, o prolongación, por cada punto diferente).

Para probarlo hace la siguiente construcción:

1) Trazamos los segmentos ab y bc. Llamamos a1 y c1 a los puntos medios de ab y bc respectivamente.

2) Trazamos el segmento que une a1 con c1 y agregamos los segmentos que faltan para completar un cuadrado. Llamamos a2 y c2 a los otros dos vértices de ese cuadrado.

3) Trazamos la recta que pasan por a y a2, y la recta que pasa por c y. Llamamos x al punto de intersección de ambas.

4) Trazamos la recta que pasa por d y x. Ésta es una de las rectas que determinan el cuadrado buscado, las otras tres se completan fácilmente.

En realidad, hay dos cuadrados que se pueden trazar a partir del segmento a1 c1, ambos simétricos con respecto a ese segmento. Obtenemos así dos cuadrados que pasan por a, b, c y d.

Si tomamos los segmentos ac y cb obtenemos otros dos cuadrados, los segmentos ca y ab nos dan otros dos. Es decir, usando los puntos a, b, c tenemos ocho cuadrados. Otros ocho salen de a, b, d, y otros ocho de b, c, d. En total hay 24 cuadrados que pasan por a, b, c, d. Fin de la demostración. ¿Qué te parece?

Victoria: Hay varios puntos criticables en tu demostración. Algunos dudosos, otros erróneos. En el punto 3), por ejemplo, deberías demostrar que la recta que pasa por a y a2 en efecto se corta con la que pasa por c y c2.

F: Claro que se cortan, se ve en el dibujo.

V: Pero un dibujo no puede reemplazar a un razonamiento. El dibujo sólo sirve como apoyo, como ayuda para que entendamos el razonamiento en sí (ya que nuestro cerebro ha evolucionado de tal forma que nos resulta más fácil percibir una figura que una idea en abstracto), pero un dibujo en sí mismo puede ser muy engañoso. Por ejemplo, puede haber situaciones especiales en las que el dibujo sea imposible de realizar.

En este caso en particular tu dibujo no nos muestra que hay situaciones en las que las dos rectas en cuestión coinciden. Te muestro un ejemplo (en el dibujo falta el punto d, porque su posición no es relevante a los efectos del ejemplo):

V: Te hago notar que este ejemplo invalida tu demostración, pero no necesariamente el teorema, ya que de todos modos puede ser que exista algún punto x que permita hacer tu construcción.

F: ¿Cómo puede invalidar el razonamiento sin invalidar el teorema?

V: Quiero decir que tal vez lo que afirma el teorema sea cierto, pero que tu razonamiento no lo prueba. Por lo menos, seguro que no lo prueba en el ejemplo que te mostré, ya que en ese caso el razonamiento no puede completarse.

F: De todos modos tu ejemplo no viene al caso.

V: ¿Por qué?

F: Porque estás mostrando un ejemplo de un cuadrilátero “específico”, mientras que yo hablo de un cuadrilátero “cualquiera”.

V: En matemática la palabra “cualquiera” quiere decir “todo”. El teorema debería comenzar así: “Para toda cuaterna de puntos a, b, c, d que sean los vértices de un cuadrilátero...” (Por cierto, que sean los vértices de un cuadrilátero sólo significa que no haya tres alineados.) El uso de la palabra “cualquiera” significa que el razonamiento que se hace se puede aplicar a cualquier situación específica, que se puede repetir en cualquier ejemplo específico que cumpla las condiciones indicadas en las hipótesis. Y no es ése el caso de tu razonamiento.

V: Por otra parte, aun cuando las rectas que pasan por a y a2 y por c y c2 se corten, puede suceder que se corten justo en el punto d (o sea que x = d) por lo que la construcción también sería imposible. (Nuevamente, esto invalida el razonamiento, pero no necesariamente el teorema en sí.)

F: ¿Cómo puede ser que d y x coincidan si d es un dato y x se construye después?

V: La posición de x depende sólo de a, b y c. Supongamos que te doy cuatro puntos a, b, c y d, pero que ubico al punto d en la posición que (en tu construcción) ocupará x. En ese caso no hay modo de completar tu construcción.

F: Insisto ¿cómo puede ser que d y x coincidan si d uno está dado antes y el otro se construye después?

V: “Antes” o “después” no significan nada en este caso. Si ingreso el número 2 en la fórmula x^2 – 2 vuelvo a obtener 2. “Antes” tenía un 2 y “después” tengo el mismo número 2 (y no “otro 2 diferente”). En la situación que te describí d y x coinciden. Es evidente que esto puede suceder porque, insisto, x depende sólo de a, b y c por lo que puedo mover al punto d hasta donde yo quiera sin que x se mueva, por lo que bien puede suceder que d y x coincidan.

Claro que en ese caso podríamos intentar la misma construcción con a, b y d, y así obtener un cuadrado diferente...

F: ...ya te dije que hay 24...

V: ...pero si a, b, c, d son los vértices de un cuadrado entonces ninguno de los 24 puntos que se obtienen con tu construcción sirve para construir un cuadrado como el que el teorema pide. Sin embargo, en ese caso hay infinitos cuadrados posibles (todos los cuales se obtienen de una manera diferente a la que indicaste en tu razonamiento).

F: ¡Pero un cuadrado es un cuadrilátero específico!

V: Ya te respondí a eso: si tu razonamiento fuese correcto debería poder aplicarse a cualquier situación en especial, y en particular si a, b, c, d son los vértices de un cuadrado. Además, el ejemplo de a, b, c, d en los vértices de un cuadrado no sólo refuta tu demostración, sino también tu afirmación de que hay sólo 24 cuadrados que cumplen las condiciones del teorema, ya que, al menos en ese caso, hay infinitos.

F: Entonces ¿el teorema es cierto o no? ¿Mi demostración es correcta o no?

V: Tu demostración no es correcta: no se aplica a todos los casos posibles. Tu dibujo describe una situación que es “falsa” para muchas posiciones de a, b, c y d. En cuanto al teorema, no lo sé. Tal vez sea cierto. Parece que sí lo es en muchos casos, pero no queda claro si vale con toda la generalidad que el enunciado pide.

No discutiremos aquí la validez del teorema, ni tampoco algunos otros puntos dudosos (o al menos poco claros) de la demostración de Fabián, como por ejemplo si, en efecto, el cuadrilátero que aparece pintado de azul en el primer dibujo es realmente un cuadrado. Aquí terminamos el análisis de esta "demostración". Los lectores pueden, si así lo desean, comentar otros puntos de ella. La saga seguirá por nuestra parte, en una próxima entrada, con un tema diferente. Nos vemos.

(A "Falacias y confusiones 2" / A “Falacias y confusiones 1 – Primera parte")

26.6.09

"El Topo Lógico" en "Tu Blog en mi Blog"

Tu Blog en mi Blog es un espacio generosamente creado por Cristina Velázquez en el que se invita a creadores de blogs a contar sus experiencias (aquí puede verse una presentación más amplia y mejor escrita).

El Topo Lógico (quizás inclusive yo también) se ha incorporado a esta experiencia: aquí puede verse lo que El Topo Lógico (autorreferente hasta el fin) ha dicho de sí mismo.

25.6.09

¿Verdadero o falso?

Si el antecedente de esa implicación es verdadero entonces el consecuente es falso.

23.6.09

Los túneles de la mente

Hace poco, gracias a una muy oportuna recomendación, comencé a leer "Los Túneles de la Mente", libro de Massimo Piatelli Palmarini que promete ser muy interesante.

Lo menciono aquí porque en las primeras páginas me encontré con un uso de la palabra paradoja que no se ajusta exactamente a ninguna de las categorías del catálogo (de todos modos, no axhaustivo) que intenté hacer en esta otra entrada.

Cito al libro cuando define la que allí se denomina la Paradoja de Wittgenstein:

Ésta es la paradoja: no es posible lógicamente justificar un juicio intuitivo, emitido [...] en situaciones de incertidumbre, sobre la base de un principio general del que estamos menos seguros. [...] Se trata de juicios que emitimos espontáneamente, por los que estamos dispuestos a apostar, pero que no podremos jusificar racionalmente.

Saliendo ya de la cuestión de la paradoja, cito otro párafo que parece resumir la intención del libro:

Pasemos ahora al concepto de bias, que yo he traducido aquí, bastante libremente, con la imagen de los "túneles de la mente", y que, literalmente, en inglés corriente, significa una mezcla de prejuicio, parcialidad de criterio, inclinación algo perversa, propensión a ser injustos sin querer, extremismo en la opinión. En definitiva, con un solo término abarca las múltiples anteojeras que nos ponemos, muchas veces sin darnos cuenta, cuando "miramos" determinadas situaciones con el ojo de la mente.

Definitivamente, parece un libro muy interesante que a muchos nos vendría bien leer. Yo ya estoy en eso.

21.6.09

21 de junio

Hoy, 21 de junio, comienza el invierno en el hemisferio sur. Para los pueblos originarios de Sudamérica es el Día del Retorno del Sol y Día de Año Nuevo. Feliz Año Nuevo para todos.

Addenda a 0^0 = 1

He demostrado la entrada aquí enlazada que si se definen los números naturales como cardinales de conjuntos finitos (como es posible hacerlo y, como de hecho, lo hicieron Cantor, Dedekind y Russell) entonces puede demostrarse como teorema que 0^0 = 1.

Si 0^0 = 1 llevara a una inconsistencia lógica (a un absurdo) esto probaría que la aritmética misma es incosistente y en realidad que toda la matemática es incosistente.

Nótese bien: la inconsistencia de la matemática surgiría del hecho de que 0^0 no sea 1. Que 0^0 = 1 no sólo es correcto, sino que es, de hecho, un teorema.

Addenda: Y si se elige definir a los números naturales de otra manera (axiomáticamente, por ejemplo) entonces la existencia de un modelo en el que la igualdad "0^0 = 1" es un teorema demuestra que, en todo caso, no se producirá ninguna inconsistencia lógica al definir 0^0 como 1, todo lo contrario, la existencia de ese modelo prueba que, en ese contexto, la definición 0^0 = 1 es deseable.

20.6.09

Un poco de historia

La ciudad alemana de Königsberg [1] fue testigo de varios importantes nacimientos. Allí, en 1724, nació el célebre filósofo Emmanuel Kant y fue allí también donde nació, en 1862, el brillante matemático David Hilbert. A mediados del siglo XVIII nació en Königsberg un famoso problema matemático (que habla de siete puentes que cruzan un río que atraviesa la ciudad [2Añadir imagen]) en el curso cuya resolución Leonhard Euler fundó un nuevo campo de la matemática: la teoría de grafos.

Y fue también en Königsberg donde vio por primera vez la luz el famoso Teorema de Gödel. Sucedió el 7 de septiembre de 1930 durante un congreso sobre fundamentos de la matemática, es decir, durante una reunión en la que los especialistas discutían qué es la matemática, cuál es su objeto de estudio y cuáles son sus métodos. Desde hacía más de dos décadas se venía desarrollando una ácida controversia acerca de esas cuestiones, una discusión en la que sus protagonistas sostenían posiciones aparentemente irreconciliables. En la década previa a 1930 esas posiciones irreconciliables reconocían dos claros representantes: en un rincón el ya mencionado David Hilbert, fundador de la llamada Escuela Formalista y en el otro, L.E.J. Brouwer, creador de la llamada Escuela Intuicionista.

A pesar de tanta controversia, aquél septiembre de 1930 parecía lleno de buenos augurios. En la sesión final del congreso Arend Heyting (uno de los principales discípulos de Brouwer) afirmó que la “guerra” entre los formalistas y los intuicionistas podía darse por terminada, pues si el programa propuesto por Hilbert para la matemática lograba completarse con éxito entonces los intuicionistas aceptarían gustosamente las ideas de Hilbert. En otras palabras, los intuicionistas presentaban una rendición en toda regla por lo que la larga controversia parecía llegar a su fin.

Sin embargo, en medio de tan optimistas manifestaciones un joven matemático austriaco pidió la palabra. Tímidamente este joven anunció que acababa de demostrar un teorema (que sería publicado unos meses más tarde) en el que demostraba que el programa de Hilbert, el programa formalista que todos, amigos y enemigos, acababan de aceptar gustosamente, era completamente irrealizable. Ese joven era Kurt Gödel y el teorema que estaba anunciando era, por supuesto, el hoy famoso Teorema de Incompletitud de Gödel.

¿Cómo se llegó a esa escena de 1930? ¿Por qué apenas a principios del siglo XX, después de más de dos mil quinientos años de trabajo matemático, se planteó la necesidad de definir el objeto y los métodos de esa ciencia? Para entender las respuestas a estas preguntas, así como el enunciado del Teorema de Gödel, debemos remontarnos algunos años hacia atrás en el tiempo, a la década de 1870, a la ciudad de Halle, en Alemania, lugar y tiempo en el que Georg Cantor (1845–1918) revolucionó la forma de entender el infinito.

Desde Aristóteles se entendía, tanto en filosofía como en matemática, que el infinito era inalcanzable. Por ejemplo, sabemos que hay infinitos números naturales: 0, 1, 2, 3, 4, 5,... pero según la forma de pensar de Aristóteles, la infinitud de los números significa solamente que si nos proponen cualquier número natural siempre existirá uno mayor. La imposibilidad de alcanzar el infinito implica que no hay ningún lugar (concreto o abstracto) en el que estén reunidos al mismo tiempo todos los números naturales. El infinito no existe en acto, sólo en potencia, decía Aristóteles, y en consecuencia sería un error hablar de los números como de una totalidad acabada y completa. Esta visión del infinito dominó la matemática y la filosofía a los largo de los siglos.

En 1872 Georg Cantor (nacido en San Petersburgo, aunque vivió casi toda su vida en Halle, Alemania) trabajaba en un problema relativamente menor de análisis matemático. Cantor buscaba demostrar una propiedad relativa a cierto tipo de funciones y en el transcurso de ese trabajo se encontró ante la necesidad de expresar de un modo claro y concreto algunas condiciones muy complejas, las cuales debían cumplirse para que valieran las conclusiones a las que Cantor quería llegar [4].

Se trataba en principio de un problema de lenguaje y para resolverlo Cantor inventó un nuevo concepto, el de conjunto derivado. Sin entrar en detalles, basta decir que definió un mecanismo por el cual a partir de un conjunto P de puntos se puede obtener un nuevo conjunto P’, llamado el derivado de P. A partir de P’ se obtiene a su vez un nuevo derivado P”. Y luego el derivado de P”, que es P(3), y luego P(4), P(5), etc.

Pero Cantor observó que no había motivo para detenerse y que era perfectamente posible definir P(infinito). Más aún observó también que era posible aplicar el mismo mecanismo a P(infinito) obteniendo así P(infinito + 1, P(infinito + 2), P(infinito + 3).... Es decir no sólo era posible llegar al infinito sino que inclusive era posible ir más allá de él [5].

Esta nueva forma de ver el infinito, totalmente opuesta a la que había impuesto Aristóteles, habilitó la idea de ver a los conjuntos infinitos como totalidades acabadas y completas; es decir, permitió crear la teoría de conjuntos. En los años posteriores a 1880 Cantor inició el proyecto de refundar toda la matemática sobre la base de esta teoría. Todos los demás conceptos matemáticos se definían a partir de la noción de conjunto. Así por ejemplo para Cantor el número 0 se definía como la cantidad de elementos del conjunto vacío, el número 1 sería la cantidad de elementos del conjunto formado solamente por el 0, y así sucesivamente. Todas las operaciones numéricas se definían desde las operaciones entre conjuntos.

Por la misma época Richard Dedekind (amigo y colega de Cantor) desarrolló ideas similares. Sin embargo, quien llevó más lejos la idea de fundar la matemática sobre bases conjuntistas fue Gottlob Frege quien a lo largo de casi veinte años elaboró una obra monumental en la que construyó con todo detalle un lenguaje para hablar de los conjuntos (y que es la base del actual lenguaje formal de la lógica) y a su vez, usó los conjuntos como base de la construcción de toda la matemática.

En junio de 1902 Frege acababa de enviar a la imprenta el segundo tomo de la obra fundamental de su vida cuando recibió una carta del por entonces muy joven filósofo y matemático Bertrand Russell. En esta carta Russell, que había leído el primer tomo de la obra de Frege (publicado en 1893), le señalaba un error en la misma base de su sistema.

Para Frege un conjunto es la reunión en un todo de los objetos (reales o imaginarios) que cumplen una determinada propiedad en común. Por ejemplo, la propiedad de “ser un caballo blanco” corresponde, obviamente, al conjunto formado por todos los caballos blancos. Pues bien de esta definición de la noción de conjunto Russell extrajo una contradicción [6], por lo tanto la misma noción de conjunto era contradictoria.

Frege admitió inmediatamente el error y agregó una nota adicional a su obra en la que admitía humildemente que todo el sistema por él concebido dejaba de tener validez pues se había derrumbado desde su misma base.

Ahora bien, por ese entonces la teoría de conjuntos se había transformado en una herramienta básica de la matemática y las nociones conjuntistas estaban en los cimientos de muchos nuevos desarrollos, especialmente en análisis matemático. El descubrimiento de Russell significó entonces una verdadera crisis en toda la matemática, pues si algo tan simple y natural como la noción de conjunto era contradictoria ¿cómo podía asegurarse la corrección de conceptos más complejos? Es precisamente a causa de esta crisis que a principios del siglo XX se planteó la necesidad de revisar los fundamentos de la matemática.

Ante la crisis provocada por el descubrimiento de Russell hubo inicialmente dos reacciones. Por una parte, el propio Bertrand Russell propuso rescatar el programa de Frege introduciendo en él las modificaciones que fueran necesarias para evitar todas las contradicciones posibles. Este programa fue extensamente expuesto en la obra Principia Matemática, que Russell escribió junto a Alfred Whitehead y cuyo primer tomo se publicó en 1910.

Otra reacción, contemporánea de la anterior, fue encabezada por el matemático holandés L.E.J. Brouwer. Según Brouwer era imposible evitar las contradicciones en la teoría de conjuntos y cualquier intento de reparar el sistema de Frege estaba condenado al fracaso, pues todas las contradicciones nacían simplemente de la introducción del infinito en acto. Brouwer proponía descartar la teoría de Cantor y retornar a una matemática finitista en la que el infinito, tal como quería Aristóteles, fuera inalcanzable.

Más aún, Brouwer sostenía que sólo puede decirse que un objeto matemático existe si se puede dar una receta (una serie finita de instrucciones, es decir un algoritmo) que permita construirlo en una cantidad finita de pasos a partir de los números naturales.

Un ejemplo de algoritmo:
Paso 1: asígnese al número x el valor 2.
Paso 2: asígnese a x un nuevo valor, el que resulta de promediar el valor actual de x con el valor de 2/x (2 dividido por x).
Paso 3: repítase el paso anterior 10 veces más.

Cuantas más veces se aplique el paso 3, más se acercará el valor de x al de la raíz cuadrada de 2. El algoritmo, entonces, permite construir aproximaciones sucesivas de ese número.

Brouwer decía también que sólo tiene sentido definir una propiedad si al mismo tiempo se da un método algorítmico para verificar en una cantidad finita de pasos si un objeto cumple o no esa propiedad.

Hacia 1920 el programa de Russell comenzó a desmoronarse, especialmente a causa de ciertos axiomas que éste se vio obligado a incluir, pero cuya validez resultaba ser especialmente dudosa. A causa de ello, la escuela de Brouwer comenzó a dominar el pensamiento matemático y como consecuencia la teoría de Cantor comenzó a estar en peligro de ser eliminada. Fue entonces cuando entró en escena David Hilbert.

Hilbert fue desde siempre amigo y defensor de Cantor y bajo el lema “del paraíso que Cantor creó para nosotros nadie podrá expulsarnos” decidió contrarrestar las ideas de Brouwer. Además de gran matemático, Hilbert era un gran político y por eso decidió crear una filosofía de la matemática que diera cabida al infinito en acto pero que al mismo tiempo pudiera ser aceptada por los intuicionistas, es decir por Brouwer y sus seguidores.

Los intuicionistas, dijimos, exigían que todo objeto matemático fuese construido mediante un algoritmo y que toda propiedad fuera verificada asimismo algorítmicamente. La idea central de Hilbert fue llevar esta exigencia algorítmica, de los objetos y sus propiedades, a los razonamientos.

Para Hilbert toda teoría matemática debía fundarse en axiomas, que son afirmaciones que se aceptarían como verdaderas. Todas las demás verdades de la teoría se deducirían de los axiomas mediante razonamientos o demostraciones. Estos razonamientos debían ser finitistas al estilo intuicionista, es decir, debía existir un algoritmo (una receta) que, en una cantidad finita de pasos, permitiera determinar si un razonamiento es válido o no. En palabras modernas, debería ser posible programar una computadora de tal modo que fuera capaz de decidir si un razonamiento es correcto o no.

Los axiomas podían hablar del infinito en acto, de totalidades infinitas acabadas y completas, siempre que los razonamientos para deducir otras verdades a partir de ellos fueran finitistas y siempre que, además, por esos mismos razonamientos finitstas se pudiera demostrar que no habría paradojas o contradicciones.

El Programa de Hilbert se proponía entonces refundar la matemática bajo estas especificaciones. Y tan afortunada fue la idea de Hilbert que, como ya dijimos, en 1930 los intuicionistas finalmente “se rindieron” y aceptaron su programa. Pero en 1930 fue también cuando Gödel demostró que el Programa de Hilbert era irrealizable al probar (y ése es el enunciado del Teorema de Incompletitud) que los métodos finitistas que Hilbert proponía son incapaces de demostrar todas las verdades matemáticas. En aquel dramático septiembre de 1930 el Teorema de Gödel marcó un punto crucial en la historia de la lógica matemática. Sus consecuencias han sido llevadas, no siempre justificadamente, a la filosofía, la sociología y otras ramas del saber muy alejadas de su ámbito original.

Notas:

[1] La ciudad de Königsberg ya no es alemana, ni se llama Königsberg, en la actualidad la ciudad es rusa y se llama Kaliningrado.

[2] El río se llama Pregel y en él, cuenta la historia, hay dos islas y siete puentes: un puente conecta las dos islas entre sí, dos puentes más conectan a la isla menor con cada una de las dos orillas del río, otros dos puentes conectan a la isla mayor con una de las orillas del río y los últimos dos conectan a la isla mayor con la otra orilla del río. El problema pide hallar un camino que recorra los siete puentes de Königsberg, una vez cada uno sin repetir. Leonhard Euer demostró que esa tarea es irrealizable.

[3] Había también argumentos teológicos para sostener esta idea, según estos argumentos el infinito es un concepto solamente accesible para Dios e inalcanzable para la mente finita de los humanos.

[4] El problema en el que trabajaba Cantor está bien descripto en Ferreirós y Grattan-Guiness. En último dice en su libro que el problema en el que trabajaba Cantor era muy relevante, aquí nos permitimos disentir respetuosamente con esa opinión pues entendemos que hay varias razones para afirmar que el problema era menor, es probable que al dar su opinión Grattan-Guiness se deje llevar por su admiración hacia Georg Cantor.

[5] “Fui llevado por la lógica de mis investigaciones a romper con tradiciones que había aprendido a venerar”, escribió Cantor en 1883.

[6] Observemos que el conjunto de todos los conjuntos es un miembro de sí mismo (pues al ser él mismo un conjunto es miembro del conjunto de todos los conjuntos). La contradicción, conocida como la Paradoja de Russell, surge al considerar los conjuntos que no se tienen a sí mismos entre sus propios miembros. Razonando a partir de estos objetos Russell llega a la conclusión de que la noción de conjunto que usa Frege (que es una elaboración más precisa de la que usan Cantor y Dedekind) es contradictoria.

12.6.09

El ABCDEF del Teorema de Gödel

A) A principios del siglo XX (en buena medida a causa del descubrimiento de paradojas en la Teoría de Conjuntos) se desata en la Matemática una polémica acerca de qué tipo de razonamientos son aceptables. La polémica gira especialmente en torno a la cuestión de si son válidos los razonamientos que involucran totalidades infinitas.

Para zanjar la cuestión, en la década de 1920 David Hilbert propuso el Programa Formalista (hoy también llamado Programa de Hilbert). La propuesta consistía en elegir axiomas para la Aritmética (que es la teoría que habla de la suma y el producto de los números enteros positivos) de tal modo que toda verdad (y ninguna falsedad) de la teoría pudiera deducirse de esos axiomas.

¿Qué razonamientos serían válidos en esas deducciones? Hilbert proponía una verificación mecánica de los razonamientos: debería ser posible, podemos decir en términos modernos, programar una computadora de tal modo que sea esa computadora (mediante procedimientos puramente mecánicos) la que decida si el razonamiento es válido o no. Esta corroboración mecánica nos daría un criterio objetivo para determinar la validez de un razonamiento.

Conviene destacar aquí que Hilbert no decía que los razonamiento matemáticos debían transformarse en (o que debían ser) puras manipulaciones de símbolos, decía que esas manipulaciones debían servir para verificar la corrección de los razonamientos que ("creativamente") realizaban los matemáticos en su trabajo.

La teoría elegida por Hilbert era la Aritmética porque a partir de ella puede construirse todo el resto del edificio matemático. Una base sólida para los razonamientos aritméticos daría una base sólida para toda la matemática.

B) En 1931 Kurt Gödel demostró que si se eligen axiomas para la Aritmética de modo que los razonamientos que demuestran afirmaciones a partir de ellos siguen lo establecido por el programa de Hilbert entonces siempre habrá verdades que son indemostrables a partir de los axiomas elegidos. (Esta es la versión semántica del teorema de Gödel, basada en la noción de verdad. Hay una versión sintáctica, pero es demasiado extensa de explicar en este breve resumen.)

De alguna manera, el teorema de Gödel nos dice que si elegimos un criterio objetivo (y mecánico) para verificar la validez de los razonamientos, entonces habrá verdades cuya demostración está más allá de los razonamientos aceptados por esos criterios.

[Una suposición implícita en todo esto es que la Aritmética es lógicamente consistente, es decir, que no es contradictoria en sí misma. Si no fuera consistente, toda afirmación sería demostrable. La consistencia de la Aritmética, si es que lo es, es una verdad cuya demostración está más allá de los razonamientos verificables mecánicamente. En general, se acepta que la consistencia de la Aritmética es una "verdad evidente", pero lo mismo se creía de la Teoría de Conjuntos antes de que Russell expusiera su paradoja.]

C) Para que podamos traducir los razonamientos aritméticos a un lenguaje capaz de ser manipulado por una computadora, las afirmaciones deben estar escritas en un lenguaje preciso, con símbolos y reglas para manipularlos que estén fijados de antemano. Entre estos símbolos habrá los que representen operaciones numéricas (suma y producto), operaciones lógicas (conjunción, negación, etc.) y otros.

D) En el corazón de la demostración de Gödel está la idea de "numeración de Gödel": a cada afirmación aritmética (verdadera o falsa) se le asigna un número. Por ejemplo a "2 es par" podría corresponderle el número 23.450, a "7 es par" podría corresponderle el 34.508.

En realidad los números de Gödel se asignan de una manera específica. La afirmación primero es traducida al lenguaje formal y luego se calcula el número mediante operaciones claramente definidas. En general, además, los números que se obtienen tienen varias decenas de cifras. Los ejemplos que se mencionan más arriba sirven solamente para ejemplificar la idea.

Fijado un conjunto de axiomas que cumpla las condiciones del programa de Hilbert, el conjunto de todos los teoremas que se deducen de ellos forma un conjunto bien definido de afirmaciones. Y los números de Gödel de estas afirmaciones forman un conjunto bien definido de números. La primera parte de la demostración del teorema de Gödel (que no desarrollaremos aquí) consiste en ver que esos números (que en principio están definidos por la propiedad "lógica" de ser los números de Gödel de afirmaciones demostrables) tienen en común una propiedad aritmética expresable en términos de la suma y el producto.

Es decir, así como las propiedades "Ser un número par" o "Ser un número primo" se pueden definir en términos de la suma y el producto, del mismo modo la propiedad de "Ser el número de Gödel de un teorema" es una propiedad expresable en términos de la suma y el producto (como si dijéramos que los números de Gödel de los teoremas son exactamente aquellos que son primos que se obtiene sumando tres números cuadrados, la propiedad es mucho más compleja, pero ésa es la idea general).

E) Supongamos ahora que a la afirmación "23.444 es un número par" le correspondiera el número de Gödel 23.444. La afirmación diría entonces "Mi número de Gödel es par.

¿Es esto una casualidad? No. En realidad puede probarse que para toda propiedad expresable en términos de la suma y el producto existe una afirmación cuyo significado es "Mi número de Gödel cumple esa propiedad".

Explico un poco la idea de cómo se hace esto. Llamemos d(x) a la función definida de este modo (función diagonal, la llamaba Gödel): si n es el número de Gödel de la afirmación "x cumple la propiedad P", entonces d(n) es el número de Gödel de la afirmación "n cumple la propiedad P".

Tomemos entonces la afirmación "d(x) cumple la propiedad P" y sea m su número de Gödel. Entonces, por definición de la función diagonal, d(n) es el número de Gödel de "d(n) cumple la propiedad P". Es decir, la afirmación dice: "Mi número de Gödel cumple la propiedad P".

F) Como "Ser el número de Gödel de una afirmación demostrable" es expresable en términos de la suma y el producto, entonces existe una afirmación cuyo significa es "Mi número de Gödel es el número de Gödel de una afirmación demostrable", más brevemente, "Yo soy una afirmación demostrable". Como la negación es expresable entonces existe una afirmación expresable en términos de la suma y el producto cuyo significado es: "Yo no soy demostrable".

Si la afirmación es falsa, entonces sería demostrable. Esto no es posible, pues sería una falsedad demostrable. Luego, es verdadera y entonces no es demostrable. Es decir, es una verdad no demostrable, como queríamos probar.

Ésta es la idea general del Teorema de Incompletitud de Gödel (al menos en su versión semántica).